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viernes, 25 de marzo de 2011

Martinmorales, estamos contigo. Nos congratula tu mejoría.

Dos artistas juntos, Paloma y Paco
Miguel y Paco, en La Manzanilla (Órgiva)

A  tan sólo diez minutos en coche desde Orgiva, viajando dirección  Pampaneira,  nos encontramos a la derecha con el desvío que baja a Carataunas, pequeña localidad ésta semi-escondida  a escasos metros de la carretera, de  fácil acceso y mejor aparcamiento. Situada  a 800 metros de altitud, en lo alto de un cerrete, frente por frente a Sierra Lújar, domina casi toda ella su inmensa iglesia barroca construida en el S. XVI, de la que destaca su esbelta torre campanario, faro y vigía de pastores. Su nombre sinónimo de tranquilo,  proviene del vocablo árabe “Caratanuz”, lugar tranquilo,  hoy todavía vigente a la vista de su  escuálido censo, que la acredita como el municipio más pequeño de toda la provincia de Granada. Pocos sin duda los empadronados, tambien conocidos por gatos, algunos tan célebres y castizos, como Francisco Martin Morales, quien habita la mitad del año en el Cortijo del Trance, o del Campanillo,  próximo al barranco del Frío y al de la Cueva. Humorista gráfico y excelente dibujante, nació Martinmorales  en Almeria,  el 3 de Enero de 1946, su padre natural de Almegijar, le transmitió la esencia alpujarreña que le caracteriza humana y profesionalmente, allá donde vaya. Es  para el quien no lo conozca de natural alegre y positivo, trato llano y  corazón desprendido, amigo de sus amigos, incluso antes de conocerlos, generoso, y sobre todo o por encima de todo, atento,  y detalloso. Daría sus primeros pasos periodísticos  en el Faro de Motril, para luego pasar a la prensa local de Granada y más en concreto al periódico Ideal, desde donde su fama le catapultaría a  las revistas nacionales de humor, principalmente de Barcelona y desde hace unos años a las  páginas del ABC de Madrid . Sus chistes  mordaces e irónicos, siempre conservan  un pozo de ternura y aturdimiento que los  distingue y disculpa. En prueba y reconocimiento de sus méritos geniales tiene en su haber entre otros muchos premios, el premio Mingote, llamado por su importancia, “el Nobel español del humor gráfico”.
                                              
Felicitacion de Navidad
Con el borrador de mi libro
Pidiendo disculpas
Tarjetón de agradecimiento




sábado, 19 de marzo de 2011

Rafael Víchez, corresponsal de la Alpujarra

De aspecto orondo y sesentón, espíritu libre y verdadero, es  desde hace años Rafael Vílchez, la esperanza del pueblo alpujarreño, el espejo donde mirarse o el bastón donde agarrarse para muchos. Antiguo cristalero, hoy  corresponsal de IDEAL en la Alpujarra, es pintor impresionista, fotógrafo, y adivino, aparte de un gran conversador, tranquilo y bonachón, que rezuma humanidad por donde pasa. Notario ambulante y  sin prisas, amable con el grande y con el pequeño, de todos es amigo, y casi hermano.  Siempre dispuesto, preparado y al acecho de la noticia, sus fotografías  hablan y bastan por sí solas para colmar y llenar de emociones el vacio espectral de la mañana. Sus retratos todo lo dicen con la mirada, la postura y el gesto del retratado,  sin necesidad apenas de texto alguno, más allá de un  titular acertado. Su estilo auténtico, por  cercano, próximo y humano, nos invita o convida a  pensar  lo mucho que vale un hombre o mujer, cuando sigue su camino, sin renunciar ni traicionar sus raíces. Representa por tanto Rafael Vilchez, la mejor y más eficaz  promoción de la Alpujarra, una comarca que se resiste y niega a ser engullida, conquistada o maltratada por la  modernidad, sea la primera como la segunda, a sabiendas de que su ancestral retraso, es precisamente su  principal y máximo  atractivo, incluso para los que aquí habitamos feliz y dulcemente olvidados.

Rafael Vílchez, con la artista Paloma Ruiz de Almodóvar.
Rafael y Miguel, ayer 18 de marzo 2.011.

jueves, 17 de marzo de 2011

Chris Stewart, nuestro mejor embajador

El abogado Miguel Ruiz de Almodóvar, aplaudiendo a su amigo Chris
En el periódico La Opinión de Granada
Va  para 25 años desde que tomé aquella feliz decisión, de instalarme en Órgiva  para siempre y aquí sigo con la misma ilusión de entonces. Las lecturas de Brenan, el apoyo de los míos y la suerte de poder seguir ejerciendo mi profesión, hicieron posible aquel milagro: Vivir en la Alpujarra,  es vivir en libertad. Dicho esto -se preguntarán ustedes- quien mejor que uno para entender y comprender el éxito arrollador de los libros de Chris Stewart, (“Entre limones” y “El Loro en el limonero”). Y por ende quien mejor también para comprender el rechazo y hastío que en otros provoca su lectura, generalmente inacabada. A la postre, y para que engañarnos hablamos de las dos clásicas posturas enfrentadas que a su vez, representan dos lenguajes distintos ante la vida, como el blanco y el negro, el ser y el tener, la libertad y la seguridad.  De ahí que para unos su lectura suponga un autentico canto a la libertad individual y para otros  no pase de ser una  soporífera tomadura de pelo, aparte de un pitorreo en nuestras propias narices.¿Que tienen entonces de verdad los limones de Chris?. ¿Son tan amargos como los pintan aquellos que nunca los probaron? O por el contrario son una fuente de energía positiva al alcance de cualquiera . Para empezar conviene aclarar que no estamos ante un escritor al uso o literato profesional, sino más bien ante una persona corriente, que tiene otras muchas ocupaciones además de la de sentarse frente al ordenador  a escribir, y que cuando escribe lo hace con la misma gracia y naturalidad que un familiar a otro, contándole sus impresiones y experiencias  de su nueva vida, desde su propia atalaya, con un estilo chispeante y ameno, pleno de cordialidad. De ahí -entiendo yo- la mitad de su éxito editorial, la complicidad que emanan sus textos, escritos de igual a igual, por una persona normal,  padre y esposo amantísimo, y en cierto modo ejemplar. Por una persona sincera y un tanto ingenua que sigue teniendo sus pies anclados en la realidad y en el que es difícil apreciar ni el más leve atisvo de engreimiento, ni siquiera el natural cansancio de su fama, algo quizás lo más espectacular de su personalidad. A ese estilo epistolar cabe añadir que sus destinatarios son básicamente sus compatriotas británicos, a los que el autor trata de impresionar, con gran sentido de humor y mucha ironía, cuidando sobre todo hacerle destacar, al modo de una buena guía para turistas, todo aquello que suponga un claro contraste o diferencia con el modo de ser y vivir anglosajón, aunque a veces, todo hay que decirlo, esconda pequeños ajustes de cuentas con sus personajes. Algo natural a lo que no tenemos nada que objetar. Es más todos tenemos derecho a mirar el mundo a través de nuestros propios prejuicios y  con los ojos de nuestra propia cultura,  aun a riesgo de sacar conclusiones  exageradas o equivocadas. Pero aparte de esta reseña sobre su estilo, los libros de Chris trascienden con creces su aparente sencillez, de autentico placer y deleite al leerlos, convirtiéndose con el paso del tiempo en fuente de estudio de un lugar y época determinada, como fue y sigue siendo la masiva repoblación de la Alpujarra por gentes que llegaron para quedarse a vivir para siempre. Crónica sociológica de aquellos primeros repobladores ingleses que llegaron a Órgiva a partir de los años 80, con un fin concreto en sus mentes como era comenzar una nueva vida, en un apartado lugar; alejados de toda regla y control, retornando a la madre naturaleza donde poder cobijarse, construir su casa con sus propias manos, comer sus propias hortalizas, criar a sus hijos y sobre todo alcanzar su tan deseado equilibrio mental. De ahí que también tengan estos libros un componente de autoayuda para todos aquellos que  quieran huir de la rutina asfixiante del mundo moderno y darse una nueva oportunidad, el de poder saber de alguna manera los inconvenientes que le esperan en su necesaria adaptación a esta Nueva Arcadia. Pero no queda ahí las cosas porque finalmente tienen también sus libros un claro componente reivindicativo o de conciencia social como son su defensa a ultranza del feminismo y el ecologismo dos razones poderosas por las que luchar: una como bastión con quien compartirlo todo en perfecta equidad, y la otra como solución en la que confiar ante tanto engaño y despilfarro consumista. Dos de las cuestiones mas serias e importantes que contienen  sus libros, y de las que sin duda no es ajena su compañera y esposa Annie, verdadero “alter ego” de Chris. Por todas esas razones y otras muchas más que no vienen al caso hace ya cosa de cinco años “La Manzanilla”, consideró a bien distinguirlo otorgándole públicamente su premio de 190 gramos de peso, algo que  entonces algunos no comprendieron y que ahora nadie se atreve a discutir, pues sinceramente no estamos sobrados de tan buenos propagandistas, y menos aún  de cabezas tan lúcidas como ésta, la de mi amigo y convecino  Chris Stewart, toda una fortuna y un honor tenerlo tan cerca de aquí.



Chris Stewart, en la puerta de la Manzanilla (Órgiva)
En la revista de la Asociación de la Prensa de Granada

miércoles, 16 de marzo de 2011

Una chica Bond, en la Alpujarra.

Hace ya cuatro años se clausuraba en la sala “Arts Studio” del Órgiva una exposición doblemente singular e interesante, pues su autora partiendo de una decena de fotografías de su propia imagen, -realizadas en los años sesenta y setenta-, obtenía hasta 23 obras ó fotomontajes absolutamente atrayentes y seductores. Se diría para el espectador avezado, que su autora -actriz famosa y conocida en su época- se había querido desquitar de su pasado glorioso, como belleza escultural, un tanto pasiva y estática, tantas veces retratada y filmada, haciendo con los trozos de todas esas fotografías un divertido reciclado de fotomontajes, a través del cual entraba nuevamente en diálogo con su eterno “voyeur”, pero esta vez de forma activa y juguetona. De esta manera tan original, la actriz Margaret Nolan, nacida en Hampstead (Londres) en 1943 rompía su silencio celosamente guardado desde hace casi veinte años en que decidió retirarse para al poco tiempo venirse a vivir a la Alpujarra, y mas concretamente a la localidad de Órgiva. Casada en 1962 con el actor y dramaturgo Tom Kempinski, autor de la obra “Dúo para uno”, alcanzó su fama mundial en 1964 con su participación con el papel de Dink, en la película de “James Bond contra Golfinger”. Fama que tuvo mucho que ver con la suerte de la película, un auténtico éxito de taquilla, y considerada para muchos como la primera con el estilo inconfundible de las películas del agente 007, es decir por un lado la mezcla de belleza femenina con elementos de alta tecnología, y por el otro una buena dosis de humor e ironía que las distinguía y separaba de una simple película de espías. Aparte de esta película, Maggie Nolan intervino en otras como “Tres habitaciones en Manhattan”, (1965) en la que debutó como actor Robert de Niro y “Ningún sexo por favor, somos británicos”(1973). Pero su estrella no sólo deslumbró en la gran pantalla, sino que tambien lo hizo en el teatro con varias representaciones en el “West End plays Teathre de Londres, y sobre todo en la BBC con varias series y programas televisivos, siendo dirigida entre otros por el célebre cómico Spiki Milligan. Intensa actividad toda ella que fue apagándose a partir de 1986, en que tras tres matrimonios y una ingente actividad como actriz decidió retirarse eligiendo a Orgiva para venirse a vivir con sus hijos Luke de 17 años y Oscar con 8 años, habidos con sus dos últimos maridos. El cortijo Vera, sito en los Cigarrones fue su domicilio a partir de 1990, y durante cinco años, fechas en las que su hijo menor acudía a diario a la escuela de Tablones. Después y tras nueva etapa en Londres volvería ya ella sóla, para continuar su residencia en Orgiva, esta vez en Bayacas, hasta que hace un par de años desaparecería de nuevo para regresar intermitentemente, dado los muchos amigos dejados en la Alpujarra.. La poesía, el yoga, y la educación infantil fueron sus principales ocupaciones sin olvidarnos de su pasión por el arte, descubierta por el artista Lance D´Boyle, miembro destacado de la amplia colonia de artistas que viven desde hace años en la capital alpujarreña. Una vida apacible y un tanto bucólica donde la actriz siempre se sintió como en casa, no en balde según nos cuenta son muchas las similitudes y parecidos de los españoles con los irlandeses, país de sus padres. Solo un inconveniente se reprocha de su larga estancia en España, que no es otro más que el eterno problema de muchos británicos, y es su falta de integración, que ellos llaman falta de información. Su nulo esfuerzo y dificultad por aprender no sólo la cultura española sino incluso el propio idioma español, les lleva a una vida un tanto apartada y cerrada entre ellos. Precisamente por eso recuerda Maggie con satisfacción la respuesta de los orgiveños con aquella su primera exposición, máxime cuando era absolutamente desconocida para ellos su pasado de actriz famosa, algo que no olvidará mientras viva. Siempre fue ese su deseo, ser una más, de los muchos amantes de la Alpujarra.
Revista del Ilustre Colegio de Abogados de Granada
Periódico Ideal de Granada

Periódico Granada-Hoy

Revista Agreste